Hoy, solo tengo ganas de sexshop BDSM, sí, de fustas, fetiches, de látigos negros, de mordazas, de bondage. Y de todo lo que suene a sumisión. En efecto, estarán acostumbrados a que cuente mis historias más íntimas y pervertidas de ciudad en ciudad. Pero hoy es diferente, porque no todo siempre es lo mismo. Me levanté de mi cama, de mi última parada que hice en sex shop L´ Hospitalet de Llobregat, en un hotel precioso, el Hesperia Tower. Y desde allí, desde lo alto, pude verlo todo muy claro.

Las personas comenzaban a trabajar, era un martes, yo como saben, mujer de altos vuelos y de buena posición económica me puedo permitir viajar por todas las ciudades de España en busca del mejor Sexshop Bdsm. Pero casi todo el mundo trabaja a diario, estaba desnuda, mirando tras las cristaleras, unos inmensos bloques de hormigón que se alzaban ante mí. No sé si es un barrio metropolitano al que llaman Bellvitge, no lo sé. Pero me puse cachonda solo de verlos.

Sexshop BDSM con el festish de esposas y látigos

El porqué me puso caliente ver aquellos edificios tan altos tiene una connotación claramente sexual: endurecimiento como una roca y empinamiento. Los vi tan elevados, tan grandes y fuertes que solo quería un pene grande, robusto y fuerte para mí. Y no solo eso, hoy, vamos, ese día, lo quería con tienes dominantes e imponentes. Yo era la sumisa ese día, a pesar de mi fuerte caracter y mi talante indómito.

Aún llevaba las bragas que ayer había comprado al final en unas grandes superficies llamadas Max Center, bragas blanquitas. Pero como ya comenté, me encanta comprarlas nuevas para mojarlas limpias. Yo algo fetiche, pero es así. Y ya no salí del hotel, no fui a sitios Cornellà, Sant Boi, Viladecans, Castelldefels, o Sitges que no están muy lejos. Me quedé en el hotel y ya marché de la ciudad.

Pero hoy todavía recuerdo mis ansias de ser sumisa ese día, de sentir fustas, azotes, el fisting tan visto pero que nunca lo practiqué. Solo de pensarlo se me humedecía todo: pinzas para los pezones, plumas estimulantes, Kits de dominación, electroestimulación, cinturones de castidad y mucho más. Todo ese ambiente de juegos de rol, el sex shop BDSM de ataduras en la cama con correas y hebillas, todo eso, hizo de mí, ese día, que mojara de nuevo mis braguitas blancas. Ya les contaré, en mi próxima ciudad.

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