Sexshop Cornella lo busco pero no lo encuentro, les dejo una foto casi desnuda desde el pasillo de mi hotel Ibis Cornellà en el que me hospedo. Me gusta el morbo, qué le voy a hacer. Y los juguetes sexuales por supuesto.

Este hotel es barato y cómodo. Pero ya es lunes y aquí estoy ahora, con mascarilla en el Centro Comercial Splau, para comprar Satisfyer Pro tan de moda. Tan solo el trabajador de seguridad está rondando por aquí. No hay casi nadie, no olvidemos que es un lunes, en plena pandemia de nuevo, a pesar de ser enero 2021, y yo caliente. Más cachonda que una actriz porno.

Llevo rato dando vueltas en busca, me han dicho que hay una tienda erótica por aquí, pero nada. Casi todo está cerrado, normal. Qué pena me da. Pero este joven es bastante apuesto, grueso y normalito. Tampoco me gustan los hombres demasiado guapos. Me empalaga. Solo quiero un hombre que me satisfaga sexualmente. Y este seguridad, igual hace las veces de una buena polla de plástico rubber, Doc Johonson o King Cock. Nada que ver con mi anterior visita al sexshop Soria todo más adusto y serio como Antonio Machado y su Olmo Viejo.

Sexshop Cornella: sexo en lavabos Centro Comercial

Y así fue cómo desde mi hotel platanomelon que no era el Hesperia Tower, porque está cerrado, empecé a calentarme en pleno enero. Además, sin encontrar el sex shop Cornella, me tuve que conformar con un hotel Ibis. Desde aquí os relato mi experiencia.

Pues como decía, le hice una señal silenciosa nada más pasar ante él. Estábamos solos, y me miró. Cómo no me iba a mirar si no había un alma en ese centro Comercial de Splau de Cornellà, muy cerquita del campo del Español. Y en seguida adivinó mis intenciones.

Me dirigí a unos de esos lavabos grandes que hay, y ahora todo está bastante higiénico, así que mucho mejor. Y de soslayo, miré para atrás y efectivamente. Él me seguía. Estaba cachonda, igualmente ahora que lo relato ya desde mi cama calentita. Porque no llevaba bragas, a pesar de ir bien abrigada. El sex shop Cornellá que andaba buscando ya me importaba poco. Lo que me importaba, era ese hombretón que me seguía.

Entrando en lavabos Platanomelon del seguridad

Los muslos se me rozaban a cada paso, y lo notaba en la parte de mi coño, que se excitaba por momentos. Tengo bastante vello púbico y notaba hasta los pelillos, en mis labios vaginales. Así que cuando llegué al servicio de señoritas, entré y miré para atrás. Y ahí estaba él.

A menos de dos menos siguiéndome. Pasé para adentro, y delante de uno de esos grandes espejos, miré para la puerta con el reflejo cóncavo, y vi entrar al extraño. Vestido con su traje de seguridad, que no sé que tienen los uniformes que me ponen más caliente que una antorcha. ¿Quieren saber cómo acabó mi encuentro sexual en el Centro Comercial de sex shop Cornellà? Comenten.

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